viernes, 17 de diciembre de 2021





Francisco Javier Hidalgo Prado



Como alambre de espino se clavan tus falsos besos, y hacen que mis labios se sientan presos. Esclavos de un sin sentido.



No era ese el camino.



Tu larga sombra trata de empequeñecerme, en la mazmorra de un suelo frío. Mi alma se estremece, perdida y sin destino.



No era ese el camino.



Elevaré las alas como un puñal que atraviesa el viento, te miraré a los ojos sin miedo, hundiendo en el mar mi sufrimiento.



Ese y no otro, es el camino.



#NiAbusosNiAgresiones #Quo_Red


domingo, 28 de noviembre de 2021

 


Nubes negras en la piel


Lo conocí como por casualidad, era un chico tan majo, tan atento, tan cordial. Todos sus amigos le adoraban, pues era quien amenizaba las reuniones convirtiéndolas en una constante fiesta. Yo disimulaba, pero no podía dejar de mirarlo, y de alguna manera, admirarlo. Poco a poco, nos fuimos acercando el uno al otro, al principio con timidez, con cierto recelo, sin embargo, yo ya estaba enamorada de él, de su mirada profunda y limpia.

Al poco tiempo, me declaró su amor y yo, le declaré el mío. Nunca volé más alto y más lejos que cuando nos besamos por primera vez. Cundo sentí sus brazos sobre mi cuerpo, acariciando mi alma. Me entregué a él, pues era un sueño hecho realidad.

Así estuvimos, inmersos en una felicidad difícil de describir con palabras unos meses, sin embargo, algo empecé a hacer mal, pues él empezó a cambiar, a desconfiar de mí, no le gustaba mi forma de vestir, ni que fuera con mis amigas, y comenzaron los insultos y los desprecios.

¡Yo no entendía nada!

Un día que me retrasé al salir del trabajo, me estaba esperando detrás de una esquina. Salió de golpe y al grito de donde estabas puta, me propinó un bofetón que me hizo caer al suelo. Le dije que por qué hacia eso, y me contestó que porque me quería y no soportaba que estuviera puteando con mis compañeros de trabajo.

Poco a poco, las bofetadas e insultos se convirtieron en el pan de cada día.

Yo estaba atemorizada, pero pensaba que él actuaba así porque en realidad me quería, me amaba. Y me lo demostró el día que me pidió perdón y me dijo que era la mujer de su vida y que quería casarse conmigo.




Parte II



Unos días antes de la boda, mi suegra me llama para decirme que fuera a su casa, que tenía unas cosas que darme y quería hablar conmigo. Cuando llegué a su casa, me recibió con el gesto serio, con el semblante duro y los ojos fijos en los míos. Yo no entendía nada, ya que hasta ese momento, siempre fue amable y cariñosa conmigo. Le pregunté que qué quería darme, y su respuesta fue tajante; una bofetada en la cara, que, sino muy fuerte, a mí me dolió en el alma. Después me dijo que, yo, a ella no la engañaba, y que estaría atenta de lo que yo le pudiera hacer a su hijo. Me quedé totalmente descolocada y humillada, y le pedí una explicación. No la hubo, simplemente me dijo que me marchara y que tuviera cuidado con lo que hacía, que ella estaría vigilando cada uno de mis pasos.

Por la tarde quise contarle a mi novio lo ocurrido con su madre, pero preferí callar, pues conocía la devoción que él sentía hacia ella.

Y en esas circunstancias llegó el día de la boda.

Fue un día perfecto, quizá el más bonito y maravilloso de toda mi vida. El que ya era mi marido, se deshacía en halagos hacia mi persona, caricias, besos, guiños de complicidad. Ese era el hombre del que yo me había enamorado. Mi suegra no me dejó ni un momento sola, siempre pendiente de que nada me faltara, incluso si algún pesado que llevado por el exceso de alcohol se ponía tontorrón, era ella la que se ponía en medio y me libraba de esa incomodidad.

Después de la fiesta, nos fuimos a un hotel a pasar la noche, para al día siguiente salir de viaje de luna de miel.

Amarga miel.



NUBES NEGRAS EN LA PIEL


PARTE III



Cuando llegamos al hotel, cansados del ajetreo de todo el día, me metí en la ducha para quitarme todo el sudor y el olor de la fiesta de la boda. Él, a los pocos minutos entró en el baño y se desnudó. Se metió en la ducha conmigo y empezó a tocarme. Yo le dije que esperara a salir de la ducha y ya en la cama haríamos todo lo que él quisiera. Su contestación me dejó helada, temblorosa de pánico. “Tú eres mía y te hago lo que quiero, cuando quiero y de la manera que quiero. Mentalízate que a partir de ahora eres mi puta, ya lo has sido bastante con quien te ha dado la gana” esas palabras se clavaron en mi alma como un puñal ardiente. En ese momento comprendí que yo, ya no era yo, y que era parte de sus caprichos.

A la mañana siguiente, nos fuimos de luna de miel a la casa de los abuelos de él, en un pueblo de la costa Alicantina. Sus abuelos vivían en la ciudad y nos dejaron la casa para que estuviéramos solos. Por la tarde, quisimos ir a la playa, pero no pudimos porque él me dijo que me tendría que comprar un bañador. Yo le dije que tenía mi bikini, que era nuevo y que no teníamos que gastar más dinero en algo que ya tenía. Él me dio un empujón mientras me decía que o me compraba el bañador de una pieza o no vería el mar ni por la ventana.

Fueron ocho días horribles, donde las bofetadas e insultos eran constantes. En cuanto volvíamos de la calle, él siempre empezaba a preguntarme que por qué había mirado a este, o había sonreído a aquel. Yo no sabía que contestar, pues si contestaba era peor que el silencio. Por las noches hacíamos el amor aún sin yo tener ganas, en realidad, ya nunca volví a tener ganas, no obstante eso a él le daba igual. Yo me sentía violada, ultrajada. Me dolía, pero nunca me quejé por miedo a su reacción.

A los pocos meses de casarnos me quedé embarazada.

No obstante eso, ya os lo contaré.





NUBES NEGRAS EN LA PIEL


Parte IV



Cuando supe que me había quedado embarazada por mi cuerpo recorrió un escalofrío de incertidumbre y a la vez esperanza. Quizá al saber que iba a ser padre cesaría los malos tratos. Ilusa de mí.

Cuando se lo conté, me miró como quien mira a esas máquinas expendedoras que después de elegir el producto, te servía lo adquiero con un “su producto, gracias” me agarró por los hombros, me miró fijamente y me dijo que tenía que dejar de trabajar, porque estando embarazada no podía hacer esfuerzos. Y le contesté que no era la primera mujer que iba a tener un hijo y que podía trabajar perfectamente hasta que el embarazo me lo permitiera. En ese momento su mirada se transformó en cuchillos amenazadores. Me agarró el cuello con una mano y con la otra me tocaba el vientre. “No es una sugerencia zorra, es una orden. Lo que llevas ahí dentro es mío y tú no me lo vas a arrebatar estúpida” entonces comprobé que estaba delante de un auténtico psicópata, despiadado y cruel.

El embarazo fue toda una tortura. Las vejaciones se hacían insoportables. No podía salir a la calle sola. O salía con él o con su madre o no salía. He de decir que mientras estuve embarazada las agresiones físicas disminuyeron “tranquila, cariño, únicamente te pegaré lo necesario” ese era su premio hacía mi por darle un hijo.

Uno de los días que salí a comprar con mi suegra, esta sin reparo alguno me dijo “estás segura de que eso que llevas en la tripa es de mi hijo” la juré que si, que nunca había estado con ningún otro hombre. Ella, simplemente, torció la boca en lo que a mí me pareció una amenaza.

En esas llegó el día del parto. Era de madrugada, él dormía, con miedo le desperté, “creo que he roto aguas” me miró y me dijo “no jodas, a estas horas” se levantó y llamó a su madre “mamá, esta está de parto, o eso cree. Como yo tengo que trabajar mañana, le doy dinero para un taxi y que la lleve al hospital. Tú te vas para allá y si es verdad que va a parir me llamas y ya iré yo” en ese momento me dejó de doler las contracciones, era mucho más doloroso aquella actitud del padre de mi hijo.

Di a luz a las ocho y media de la mañana...

Con la esperanza de que cuando viera al niño, todo cambiaría...

Pero la llegada del niño, supuso más dolor...

Francisco Javier Hidalgo Prado Como alambre de espino se clavan tus falsos besos, y hacen que mis labios se sientan presos. Escla...